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jueves, 10 de abril de 2014

La mano

Max Ernst 

La mano que abre la puerta blanca de un sueño recurrente
acaricia el revés de una eternidad artificial.
Los dedos petrificados se alargan para que la ausencia se aleje
y el vacío se acomode en el sueño estacional del guante,
La mano se alza y la puerta envejece,
inconsolable la madera que escupe tantas despedidas.
Todas las manos del mundo quisieran abrir la puerta de un deseo abstracto


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