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lunes, 1 de julio de 2013

Lo que quieres... lo que recibes


Buscaste una mano suave que te sirviera de guante
Un silencio de cinco dedos con el que tocarle
Los labios a la profundidad.
Más tarde desde tu anfiteatro palpaste  la noche con asombro,
Ella era  un espejo recién pulido
Y distante,                             
¿Fue la madrugada la que le puso una sábana blanca a tu reflejo?
Embrujaste al mar desde la montaña,
Con un lánguido ademán te vestiste de altura
Y de oceánica profundidad.
Hiciste todo eso con el corazón húmedo
E incierto,
Porque lo que tú verdaderamente ansiabas
 era un pequeño bosque de bambú,
Con sus geométricos pajaritos cantándole a la luna,

Quisiste hacer de tu sueño oriental una profecía,
El tiempo que va y viene
Que viene y va en el vértigo de la ternura,
Pero recibiste gloria y espejos,

Y mañanas, y aeroplanos y los más extraños ocasos.

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