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sábado, 10 de noviembre de 2012

Melodía crepuscular



Humedezco los pies en el borde del inconsciente
entonces,
penetra por las plantas de mis pies una melodía crepuscular,
ella brota como antigua enredadera de un violín roto,
pálido instrumento que quisiera ser la lluvia
y llorar
y llorar,
¡Oh música rodeada de lentas esferas!
haces que el dorado del desierto se entristezca,
¡haces que languidezca en mi tibio lecho de arena!
Me vestiré con tus notas tristes y saldré en busca de un oasis,
pero si acaso mi voz esta rota ¿cómo podré expandirte?
Dejando a un lado la sed, me sumerjo en las cuerdas del violín,
mis pies avanzan junto a mi sombra,
el atardecer se acerca,
¿Has visto la semilla? dice la canción
 Empiezo a recorrer mi sangre amarilla,
y el asombro se incrusta sobre  la geografía del desierto.
Cierro los ojos para encontrar el origen del silencio;
la primera estrella, quizás la más lejana asoma el firmamento,
y yo a propósito del tiempo, del mar y de la semilla olvidada
 me ovillo lentamente a la orilla del violín.

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