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lunes, 17 de junio de 2013

El fuego del invierno...es de Cartago


A Cartago llegué entonces

Ardiendo ardiendo ardiendo ardiendo
Oh señor Tú me arrancas
Oh señor Tú me arrancas

Ardiendo
(T.S. Eliot)

El viento es una llama que se extiende,
su onda pintada de hojas muertas se dirige hacia
el otro lado de un río invisible.
Arde el paisaje gris,
el invierno es un fuego que consume con estupor
cualquier soledad o quimera.
Oh Cartago eres el rojo polar de esta estación
fríamente encendida,
eres un espejismo socavado…
Allá en la profundidad los cimientes de la civilización
en una retina de greda.
La llama resplandeciente obligándonos a olvidar,
¿Aquel que cierra los ojos es Aníbal?
¿Acaso el fuego hizo que se tragara aquel árido horizonte?
También tú fuiste Aníbal llorando las ruinas de un silencio esplendoroso.
Tenías un papel entre los dedos marchitos por la niebla ladina,
las palabras escritas sobre un ventanal lejano,
tus dedos quemados por el frío, dibujando símbolos desde la distancia.
El fuego favorece la fragilidad de la memoria,
Cartago aún se consume en este invierno
y en todos los inviernos de la humanidad
 que indiferentes y crispados a tus pies
                                                              se queman.






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