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domingo, 2 de junio de 2013

Coleccionista de hipocampos


A veces uno toca la superficie de las aguas
y el mar se despierta;
en ese instante tienes la certeza de que
los habitantes de la profundidad
no saben de orillas, ni de ensimismadas islas.
Tú tocaste las olas desde tu espejo,
alargaste sombríamente los brazos
para alcanzar un hipocampo,
criaturita húmeda y salvaje
que atraviesa las paredes del mar.
En tu puerta se pierden las arenas,
desaparece el caballo marino que te devolverá la libertad;
y quisieras que no fuera así;
pero el reloj sólo sabe de gatos y perros tristes.
El tiempo te aparta de la semilla que dio origen al mar;
querrías ser salvaje, pues tanta civilización
te vuelve demasiado  susceptible al frío.
Pero el hipocampo se marcha con su libertad primaria,
su profundidad y su destino oculto no te pertenecen.


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