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jueves, 11 de abril de 2013

Una vieja carta



Este es la última carta que te escribo,
reapareceré cualquiera de estos domingos en tus sueños.
No olvides nunca que mis pies son dos gacelas en busca de eternidad.
Anoche soñé que tu espejo reflejaba un sol de otro siglo,
era tan resplandeciente su luminosidad  que contradecía la luz de todos los faroles.
Recuerda que el amor es lento en regresar
pero siempre retorna, como el viejo y cansado Ulises
a su  Itaca inmortal.
Esta es la última carta que te escribo,
más de cien años demorará en llegar a ti,
su sobre es más lento que mi alma.
La trama del reloj nunca olvida a sus intrincados personajes
dormidos en la recámara celeste de su invernáculo.

Me despido creyendo que un cielo extraño gobierna nuestros destinos.
Siempre tuya
Beatriz

PD: Piensa que aquella luna reflejada en tu espejo, es mi cuerpo, trata de recapturar su sombra en el fondo de los sueños.

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