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lunes, 22 de abril de 2013

Horizonte circular



Me alejo de la bruma que mordía mi vestido de domingo,
no hay polilla que se oculte en mi armario de caoba.
Me deslizo suavemente por la superficie de los días:
el espejo de las horas me trae un rostro que desciende de las cumbres.
Tengo todo el tiempo del mundo para adivinar mis destino en la borra del café
y sentir que el porvenir es un alivio transparente y no la vereda de un pueblo fantasma.

Al extremo de mis sueños hay un barco en busca de un faro que se ha dormido,
la niebla desdibuja un rostro que se acerca,
se agita el mar y me desviste del paso de los siglos;
un mundo sereno y antiguo como ídolo pagano me llama,
me diluyo, y ya no sé si soy el barco o la niebla.

A lo lejos alguien divisa mi embarcación,
la llegada a tiempo del destino vuelve redondo el horizonte.

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