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domingo, 2 de septiembre de 2012

El desierto



Entra con paso firme en el desierto, no vaciles,
¿Quién te ha dicho que entre sus dunas se corona la soledad y la garra fría de la tristeza?
El desierto es transitar despacio entre dorados espejos,
entre valles de luz que anuncian la tierra prometida,
yo descubro el sol,
lo descuelgo: te alumbro el paso,
no basta con que roces mi mano ¡toma mi pensamiento!
recorre esta geografía dorada ¡no declines!

 Bajo tu sombra duerme la luna color espiga;
yo te observo desde mi balcón,
 sentada sobre una flor envuelta en una delicada llama:
estoy vigilante,  no has de caer en medio de la arena.
Yo camino buscando un presagio, la certidumbre del bosque que aguarda,
¡brilla, brilla! pero no te ciegues,
en aquel oasis perdurable de rosas, te espero.

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