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viernes, 6 de noviembre de 2015

El símbolo es el esqueleto de mi alma

Paul Delveaux

La luz derrotó a la muralla que florecía en nuestras miradas
se incrustó en mi mente como un árbol.
Las manos dibujaron un vuelo de dichosas águilas
ascendieron sobre escalas de papel celofán,
inventaron relatos que se van a pique, se hunden en principios que son siglos
y finales que son nada;
Escritura de lámparas que se apagan, el símbolo es el esqueleto de mi alma.
En lo más alto del recuerdo los dedos se desvanecen y presagian el tacto.

Crezco sobre prados abstractos,
soy la semilla y tú ojo es la hoja que inmortal cae, diminuta.
El tiempo es un antesala con paredes cubiertas de espejos de agua,
acaso en nuestra piel se encarna la espera de los astros...
Los segundos parpadean en el borde de los sueños.
No pasa nada, los relojes desaparecieron,
el tic tac es reemplazado por mensajes virtuales que nos envía un verdugo
que tiene nuestro rostro.

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