Das un giro,
marcas el compás,
te desnudas de los sueños
y te enfrentas al animal
que habita tu soledad…
Los velos que te cubren
se deslizan y son absorbidos
por el rostro de la verdad…
Las manos dibujan algo
en el umbral:
un signo intraducible,
la palabra que dará origen
a la eternidad.
La danza de la profundidad
es uno a uno
y tiende a la vaciedad…
Te quedarás vacío,
contemplando tu propia fragilidad.
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