sábado, 22 de agosto de 2026

Hijos pródigos

 


Estrellas
fijas en un cielo congelado.

Cerramos los ojos.

Pasaron
cien años.

La maquinaria del tiempo
diseñó perfectamente su ficción.

Al séptimo día, te levantaste
con la resaca del reloj
y su infatigable sucesión.

Atravesamos la ciudad;
sin embargo, ella era el desierto.

La arena se pegó en la capa
más profunda de mi corazón.

¡Qué frágiles son los afectos!, hijos pródigos:
¿Cuándo aprenderán su lección?

A esta ciudad le han crecido murallas.
No puede con tanta revelación.

—Yo he visto su cara en otro lugar, señorita
—me dijiste en un sueño extraño—,
y disparaste una bala de plata en mi corazón.

Hijos pródigos,
todos esos tristes hábitos,
¿han vaciado vuestro corazón?

—Bienvenidos al infierno.
¿Cuándo aprenderán su lección?

 


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