Vamos, levanta el ancla
que te hunde en el sueño del mar,
e iza la bandera de la eternidad.
Avanza,
rema sobre el agua salada
que te devolverá a tu hogar.
Aprisiona el sueño perfumado
del naufragio de la soledad,
que, como un río, te conduce
hacia el faro recién nacido de la libertad.
Vamos, olvida la orilla fría, sin memoria,
y húndete en la tibieza del mar.
Tu claridad es un faro,
y es mucho más grande que la sombra
de tu fragilidad.