Subí la escalera
mecánica,
esperando que el silencio
apagara su extraño motor.
La decepción hizo su
parte:
descendió.
Tu presencia no es más que una lluvia fría
que el metal de mi silencio mojó.
Baja el tiempo por su
escalera mecánica.
A espaldas de la noche he
estado contemplando
cómo suben, cómo bajan,
las sombras distraídas de todas esas almas.
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