"Ahora bien, las sirenas
poseen un arma más terrible que su canto: su silencio."
—Franz Kafka, El silencio de las sirenas
Me
encontraste en la orilla del mar, malherida.
No sé si sabrás,
pero esta llaga en mi costado
le costó millones de lágrimas al
mar...
Soy la dama de Gollerus —te dije—,
y todos mis peces se escondieron
en el ultramar.
Tomaste mi gorro mágico,
como si con ello pudieras
de las profundidades hacerme
desertar.
Eras un chico bueno.
Solo te asustaba el mar,
con todas esas lágrimas
queriéndote devorar.
Muy temprano me hiciste volver al mar.
"Toda esta distancia es
criminal"
—en sueños te oí cantar—.
Soy culpable de esta hondura,
de este silencio criminal.
¿Qué palabras, qué cantos
serán mi defensa?
¿Podré de estas profundidades
regresar?