Me basta encender con sueños blancos
el amanecer;
equilibrarme en el límite de la sombra
para que se encienda la maquinaria del sol.
Mido las palabras;
ellas rodarán por la pendiente
sagrada de mi rendición.
Bosteza el devenir dentro de su agujero
impronunciable.
El tiempo sueña.
Nos creemos tan sólidos;
sin embargo, somos espejos mentales de la sucesión.
La astrofísica es un bellísimo invento
de nuestra estrella interna en combustión.
A mí me basta el universo en una taza de café,
construyo la maqueta destartalada del infinito
con paciencia y devoción.