Mueves tu armadura blanca,
pulida por la tempestad.
Las apariencias no engañan,
sólo disimulan torpemente tu verdad.
Ofreces tu danza a la soledad
y al espejo que ya no te reflejará.
Tu cuerpo hace cantar
a la triste campana de la eternidad.
Acróbata es tu silencio,
que brota de la claridad.
En las tardes,
le arrebatas la máscara a la oscuridad…
Con tu voltereta macabra,
¿ahuyentarás tu fragilidad?
Tus pies conservarán
el recuerdo de mi profundidad;
sin embargo, las estrellas son despiadadas,
te obligan a avanzar.