Como si las manos
pudieran deshojar el destino,
como si todo se tratara de una flor
que se enfrenta al sol…
Las varas te encierran,
el horizonte es un cristal divino
para mi cuerpo en exposición.
Tus labios enarbolados rozan
lo divino al fondo de mi oscuridad,
detonan la creación.
Nadie quiere este sino
llamado espejo, sombra, exposición.
¿Cómo se retorna de la pasión?
¿Quién está a la altura del deseo?
Los cuerpos se deshacen,
la cima eterniza la visión.