Perdona al tiempo,
con su falso escenario,
que simula la movilidad.
No importa que todas las heridas
se estampen sobre ti
y cubran tu fragilidad.
Perdona cuando todo esté en silencio
y la voz de tu padre
se haya apagado en la oscuridad.
Perdona en el destierro,
cuando nadie responda a tu llamado
y las aves migratorias olviden
tu ciudad natal.
Perdona al tiempo
y a su frío corazón,
porque con tus manos pequeñas,
inevitablemente, alcanzarás el sol
en el escenario estático de la sucesión.