Ojos que no ven,
corazón que desmiente a la razón.
El amor fabrica nobles y oscuros ardores
en el umbral de nuestro corazón…
¿Quién se atreve a cruzar la puerta
donde el tiempo fabrica mi sol?
Tiempo de navíos que regresan
es el amor…
Sin embargo, la vida es sueño
y los sueños, sueños son,
Segismundo cautivo de mi corazón.
Y de este sueño modelado en el lecho del río
hemos de despertar,
¡puesto que somos prisioneros del tiempo,
no del amor!