El tacto suave,
el ruido de las olas sobre mi piel,
la lejanía del puerto
obligándonos a avanzar,
cuando lo único que querríamos
es olvidar, olvidar, olvidar…
¿Cuál es tu orilla?
¿Huyes de la distancia
que existe entre la luna
y mis palabras
o huyes del espejo de la soledad?
Es una emoción privada,
como una isla,
rodeada de agua y sal;
me obliga a hundirme
en mi propio mar…
¿Eras tú?
¿Fuiste tú quien, ocultando su rostro
tras un sombrero, sopló a mi oído
aquella noche, en un sueño blanco?
He de decirte que eres el pedestal
que sostiene las ruinas del tiempo,
y que, bajo las sombras
de todas las mujeres que he sido,
fluye el río de tus pasos.
Amor tardío,
fruto del otoño,
quisiera correr,
esconderme del último decimal del tiempo
y decir:
Ya no me encontrarás…
Amor de media estación,
llegas cuando he olvidado soñar,
en el momento exacto
en que nuestros corazones dejaron de amar.
Amor de media tarde,
¿con qué derecho
el motor de mi deseo,
brutalmente, te atreves
a echar a andar?
¿Habrá sido la daga
que clavó tu corazón
la que mi herida logró apagar?
¿Será que nuestro tiempo
es de agua y sal?
Amor tardío, secuencia final,
¿por qué confundes la noche
con mi oscuridad?
Puntual, llegas a mi puerto
y con mis piel pretendes jugar;
los contornos de mi cuerpo
se los dejas a la brisa,
tu hermana en la oscuridad…
Amor tardío,
elegía de lo que ya no será,
¿por qué tu río en mi cuerpo
vino a desembocar?
Todas tus barcas esperan en mi orilla;
el mundo se apaga en nuestro torpe deseo
de alejarnos del final.
Ella deseó que el mar se llevara
la trama que tejieron las horas.
Y algo en su centro se apagó.
Las olas abrieron los ojos
y le preguntaron:
¿Quién le pondrá el cascabel al dragón?
Tanto frío ha mermado
la luz de su corazón.
La desigualdad es una fiera
que se traga a sí misma
y oscurece los corazones,
perpetuando la asimetría del reloj.
¡Todas cerremos los ojos
y marchemos hacia el interior!
Un espíritu profundo nos reclama:
¡Alcancemos el valle del sol!
Nuevas generaciones de Ateneas,
Venus y Dianas
pondrán el cascabel al dragón.
Que Zeus y sus dioses de juguete
bajen de su Olimpo
¡y aprendan a compartir
el trono y también el corazón!
Hermanas, acaso somos dos voces:
¡Seamos un solo dolor!
Que el tiempo se lleve la asimetría
de nuestras manos,
y que sea un solo imperio:
el de la luna y el sol.