Al menos tengo las flores de mí misma,
y mis pensamientos: no puede arrebatármelos
ningún dios;
tengo el fervor de mí misma como presencia
y mi propio espíritu como luz […].
Antes de que me pierda,
el infierno se abrirá como una rosa roja
para que pasen los muertos.
—H.D., Eurydice
El sueño fue oportuno, Orfeo.
Cerré los ojos y pude despertar;
abrí los ojos y vi la escena gris
del infierno y tu gran decepción.
Los pájaros pintados en la caverna
oscura del averno escupieron
el infierno sobre mí.
Orfeo, no regresaré.
Llora por mí, y que te devoren las Ménades:
no habrá retorno para mí.
Haré de esta oscuridad mi morada
y de mi pensamiento, el porvenir…
y mírame directo a los ojos,
Solté tu mano antes del infierno.