Tienes un don.
¿Dónde estás?
Recibe el don de olvidar.
¿En qué sitio podrás volver a recordar?
El pájaro que canta
en la cima de tus sueños migró;
sin embargo, tienes el don de hacerlo regresar.
¿Dónde, en qué lugar, tu alma
revelará el canto del mar?
Don de establecer límites precisos,
mucho más allá de la profundidad del mar...
¿Dónde nos encontraremos
para reconstruir los límites de nuestra soledad?
Querrías bañarte en el mismo río,
una y otra vez;
permanecer en silencio
y, sin resistirte,
soltar,
dejar que el olvido tome tu lugar.
(El cambio está
en lo inmutable de la verdad).
Caminar descalza por las galerías que ocultan
la historia que las hades no escribirán;
asomarte a un mar sin fondo,
sólo para encontrar la perla
de lo que no fuiste,
de aquello que no serás jamás.
(El movimiento
es aparente, la fuerza del río está en su inmovilidad).
Pero bien lo sabes:
el mar tiene fondo,
y, a pesar de ello, el tiempo nunca desciende
a su profundidad…