Nada se diluye,
nada desaparece.
Con el tiempo todo se torna invisible.
Nos volvemos ciegos.
Todo permanece.
Nada se diluye,
nada desaparece.
Con el tiempo todo se torna invisible.
Nos volvemos ciegos.
Todo permanece.
¿Qué espera tu corazón?
¿Él espera un nido?
¿Anhela el hogar?
Los días atraviesan todas las estaciones;
sabes que el reloj es un lugar...
¿Qué espera tu corazón pequeño?
¿Un sitio, un arquetipo o un alma que brille en la oscuridad?
La luna sigue esperando a todo el mundo
para el circulo de sus sueños completar;
tú la sigues con la mirada nocturna,
y sientes que su luz te apagará...
¿Qué espera tu corazón?
¿Una crítica al mar?
¿La traducción del canto de sus olas de sal?
Corres por la vereda del tiempo,
aceleras el flujo del devenir,
sin embargo,
presientes la inmovilidad,
la quietud.
Te dijeron que no te bañarías dos veces en el mismo río,
Pero ¡Siempre fue el mismo arroyo!
Una y otra vez te sumergiste en él;
Eres una Ofelia estática,
coronada por las flores del silencio,
inmensa en tu inmovilidad.
No temas, no hay cambio
lo que ha de venir siempre estuvo
y jamás se marchará.
Ignora al río;
Y elige el escenario más hermoso
para decorar tu inmovilidad.
En el otoño las hojas nos recuerdan
que el salto precede a la caída,
Y que el golpe vendrá mucho después.
El descenso es más importante
¡Oh, vivir es caer!
Somos hojas que caen
en una noche de marzo,
Somos la luz de los sueños que se apagan,
el silencio frágil y oscuro del devenir.
Él está convencido de la eternidad,
y duda del movimiento del río,
reniega de los campos de la relatividad.
Señores y señoras el mundo es una esfera inmóvil,
Y su movimiento es un hermoso sueño universal:
Al igual que Segismundo soñamos la vida;
No es más que una ilusión, una sombra el devenir,
pronto comprenderás, todo ha ocurrido y sin embargo, nada ocurrió y ¡Nada ocurrirá!
El cosmos no tiene manzanas,
sin embargo, el fruto a tus pies caerá,
me pondré mi vestido verde para abrazar tu inmovilidad.
De la fuente universal brotan todos los luceros
que te han de iluminar.
Eres el cosmos, la verdadera ciencia,
sin embargo ¡Hay tanta nieve en tu verdad!
Oh Dios, que estás en todo y por eso eres nada:
¿De esta quietud eres el silencio o la oscuridad?
Dame tu corazón,
esa hermosa y rara pieza tallada
en piedra lunar;
lo guardaré en un templo
para atraer a los ángeles
y ahuyentar la soledad.
Dame tu corazón,
ese cristal oscuro y solitario
donde anidan pájaros furiosos y extraños;
será mi santo, lo cuidaré;
y con devoción le rogaré
que palpite en mis entrañas
¡Que se hunda en mi profundidad!
El sol furioso,
vertical,
guerrero de todas las distancias
quiere la evidencia de lo oscuro;
Y escupe imágenes doradas
para que desde la noche podamos retornar.
Pero... ¿A quién le has ganado furioso
monarca de la luz?
¿A la luna? ¿A nuestros extraños sueños nocturnos?
¿A los hombres? ¿Acaso a dios?
Sin embargo, el sol sabe y por eso declina:
Sabe que el tiempo es el único vencedor.