«Estoy medio harta de las sombras».
—¡Ay!, la dama de Shalott.
(Alfred Tennyson)
La ventana se queja de tu indiferencia,
pero tus ojos pulidos por las sombras
no disimulan la ausencia del sol.
Tus manos diseñan universos de una antigua trama.
Tejes y destejes noches antiguas, profanas,
solo vividas en el laberinto de un caracol.
El horizonte es una maldición,
porque dentro de él se apaga tu farol.
Todos tus deseos son anacrónicos,
modelados por las sombras
y la sucesión.
¿Entonces Camelot es el tiempo?
¿El movimiento indestructible del río
que te encierra en un crisol?
Lady Shalott, leyenda de un puñado de sombras
que se apagan en mi corazón.
El mundo desplegado en tu espejo
nos representa como pequeños seres
desempeñando siempre el mismo rol.
Dama de Shalott,
¿no encuentras deleite en tu trama de caracol?
Y tú, lector, no te fíes de tu destino;
verás cómo la barca te aguarda:
la vida es un río que a todos arrastra
en dirección opuesta al sol.
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