«…Toda la sabiduría estaba contenida en estas dos palabras: ¡Espera y
confía!»
—Alexandre Dumas, El conde de Montecristo.
Confía en el espacio pletórico
que bajo tu piel se esconde;
su delicado paisaje
fue diseñado por un dios interior.
Geografía bordada
de retamos blancos es tu corazón;
cada latido es una estrella
que se apaga con candor.
Confía,
aunque en alguna parte la noche
te deje sin salida
y la luna descarriada te arrebate su esplendor.
Espera,
pues en los corredores de tu eternidad
la tierra despertará de su agonía
y tus tristezas, transmutadas en flores,
teñirán tus sombras de un extraordinario color.
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