sábado, 3 de octubre de 2026

Dulce herida...

 


Un día fui tu Venus,
¿recuerdas?
Nací de tus aguas…

En las tardes grises
tú siempre fuiste
el espejo metálico de mis palabras.

Rozaste con la punta de tus sueños
mi espalda.
¿Fue mi herida seca la que te ofreció
la manzana?

Por un momento, mis ojos
encendieron tu antigua llama;
sin embargo, yo soy tu Venus del Milo
y ya no tengo brazos para alcanzar tu espalda…

—Esto debe ser un sueño —pensé.
Tu lengua invisible en mi herida fue una buena jugada…

—Tu fantasma líquido es una llama —susurraste.

¡Oh, Rey de Copas,
que tiñes la emoción con elegancia!
¿Qué sustancia líquida hacia mí te arrastra?

Cuando abras los ojos, seré humedad y distancia.


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