jueves, 28 de agosto de 2025

Beatriz y Dante

 


Nueve círculos concéntricos
rodean los muros fríos de tu corazón.

Extendí mis manos
para cerrar la esfera de tu retorno,
y luego ascendí.

¿En qué lugar plantarás la semilla de la verdad?
La tierra es fértil para el dolor…

Colócame en el limbo de tu olvido,
y apaga, de una vez, la lámpara
de nuestra salvación.

Dante, no anochece si escondo mi mirada;
la noche es un jardín interminable
que se ahoga en mi corazón.

¿Gloria o agonía?
¿Cielo o infierno?

Abres las persianas de inmóviles cantos
y continúas tu marcha
junto a la luna y su soledad.

¡Oh, mi lámpara recitando versos,
que, como brazos, yo sé, te alcanzarán!

¿Dante, y si la ascensión fue un espejismo?
Puede ser que hayas estado bajando
hacia la medianoche del tiempo.
Tu espalda habrá comprendido primero que tus ojos.

 


martes, 26 de agosto de 2025

Luz y sombra

 


Un haz de luz,
mi sombra,
altura y descenso.
 
Soy Odile y Odette,
piedra y cristal;
el salto y la caída.
 
En el lago mi oscuridad
va a despertar,
para que mi luz
se pueda desplegar.
 
Toma mi mano,
suelta mi corazón.
 
Soy redención y perdición:
es para ser luz que la vida es corta,
es para ser sombra que la vida es larga.
 
Dionisio, ¿eres un espejismo?
Apolo, ¿acaso algo devela tu luz?
 
El cuerpo salta hacia el alma,
y el ser se ensombrece;
la luz, desde lo más profundo,
se asomará.


lunes, 25 de agosto de 2025

Coleccionista de marionetas

Marionetas blancas,
hilos invisibles.
Un collar de muñecos
luminosos,
y extremadamente sensibles
al dolor…

Mueve el tiempo
con tus dedos,
y propicia el movimiento
como si fueras dios.

Mueve los hilos:
el destino no es una fuerza,
es un hilo inmóvil,
estático,
que nace del sol.


El coleccionista de ranas



Te gusta recordar
el ruido distante
de las ranas bajo la luna de mayo;
cerrar los ojos para fabricar el salto
que te hará avanzar.

¡De una blanca noche colgarán los faroles
que al río te devolverá!

Brinca hacia las mareas de la ausencia,
modela con ella lo que el tiempo traerá.
¡Salta y nutre a tus fantasmas!
La altura los borrará…

Coleccionista de acrobacias sempiternas,
lo mejor está por venir.
El viento es impaciente,
todas tus huellas borrará…

Canta,
canta a la primera noche
de la humanidad.


viernes, 22 de agosto de 2025

El coleccionista de máscaras

 


El coleccionista de máscaras
bate las alas de sus ojos
para ascender;
cuando su rostro desaparece,
se esfuma el dolor.

Todas las mañanas se cubre
el rostro con su máscara,
sin miedo a hundirse 
en su propio corazón…

—¿Quién eres?—
Soy el que, bajo
una máscara, matará al dragón.

No habrá testigos
cuando haga mi revelación…
cuando me despoje de todas mis máscaras
y encienda el motor de la redención.

—¿Quién eres?—
Soy el creador.

—¿Quién eres?—
Bajo mis máscaras
se fabrica el silencio
y la verdadera identidad del sol.

jueves, 21 de agosto de 2025

El coleccionista de colibries

 


Me asomo al jardín
y extiendo la sábana blanca
de todos mis anhelos.

¿Quién ahoga las estrellas en la fuente?
—Es él —murmuran desde su ventanilla los girasoles—:
el coleccionista de colibrís.

Cierro los ojos y
escucho el murmullo
de su voz soberbia diciendo:

“Lo único que importa
es el aleteo vibrante del colibrí.
Te asomas a su idilio con las flores,
y tus sueños se escapan a la eternidad.
Te ahogas en el espejo del jardín.
Voy coleccionando la ternura de los colibrís.
¡Silencio!
No hay jardín, no hay tiempo,
ni canciones;
sólo un aleteo invisible diciendo:
La belleza es una criatura huérfana
que les roba el espíritu salvaje a las flores”.

 


Coleccionista de rosas




El coleccionista de rosas
Siembra las semillas del dolor,
y entre rosales,
que en su espejo germinan,
toca la espina que le hiere.
Él lo sabe, y por eso persiste:
toda la humanidad se ha clavado
el índice derecho;
todos llevamos la marca de la belleza
que, en lo más profundo, nos hirió.

Basta ya de flores
en aeroplanos — piensa —
las flores en su porción de polvo,
¡clavadas en su cruz de oro!

Las rosas embrujan el jardín
con su dicotomía de belleza y dolor.
Rosas misericordiosas:
amarillas, blancas y rojas;
rosas odiosamente silenciosas,
atrapan la eternidad en el ojo de la fuente
y lloran deshojadas
por aquel que las colecciona,
y a quien clavan una y otra vez.

¡Oh rosa, Cristo barroco del jardín!
Dame la llave de la resurrección,
dame la llave del amor
que mis sueños abren;
¡dame la profundidad de tu luz!
¡Dame la clara conciencia
de tu frágil sombra!