Llegué aireada
con la mirada aún pegada en el umbral,
mis pies se pegaban al mar...
"Kali diosa eres" le oí susurrar.
Acaricié mis vestido de tigre lunar,
y apagué el grito helado de su soledad.
Entonces él, tal como Shiva, se dejó pisar,
para que uno mis tantos brazos lo pudiera
consolar.
"Destruye el origen de todos mís ríos", me rogó
"Todo quedará estático" le advertí;
entonces ordené a las montañas olvidarse del mar.
Las llamas que brotaban de mis sueños
secaron por un momento su mojada soledad.
¡Oh Shiva, pájaro de la serenidad!
¿Qué esperas de mi noche profunda?
Las montañas se escurren por mis cuatro brazos
para que puedas subir y despertar.
Eres un viento suave
que desordena mis sueños
en el lado más luminoso de la soledad;
¿acaso buscas la felicidad?
dime, ¿dónde está la cumbre
que no logras alcanzar?
Viento secreto,
dulce y embaucador,
sólo quiero cultivar las semillas
que traes a mis manos.
¿Tu lamento es un llanto de alegría
o de soledad?
Ya es tiempo de que el reloj susurre las horas,
y que liberado de la metáfora del río,
lentamente se despida de todo presagio.
Entonces, los segundos caerán blancos
y fríos,
uno a uno sobre los bosques lejanos.
Quitarle su envoltorio dorado a la tarde otoñal,
y fabricar con él los hilos oscuros de nuestra armadura.
¿En qué profunda distancia se librará la guerra que nos devolverá
a la paz?
¿Bajo qué luz de primavera nos hemos de despertar?