Eres el enemigo de las olas que adormecen el silencio de tu espera semisolitaria
Deseas una superficie sólida en la cual poner a bailar los muñequitos selectos de tus sueños,
Acaso rescatar de la humedad y el moho a tus más profundas visiones.
¿De qué me hablas cuando modelas con tus labios el aire tibio que trae de vuelta tu infancia?
Vamos a través de calles que bifurcan en noches y días,
como profetas entumecidos por la polaridad de sus visiones
Caemos para precipitar la culminación del instante que se repite infinitamente
Como Lázaro que vuelve de la muerte es tu tiempo, no hay nada nuevo bajo el sol.
Cristales de espera me espejan,
¿por dónde, en qué lugar mi luz geométrica ha de retornar?
Sus esquivos contornos a los lejos me hacen tristes señas,
luz de luces ¿En qué lugar te he de volver a encontrar?
Como un pájaro nocturno que migra hacia la luna mi resplandor deja caer sus plumas de oro sobre una noche azul...
El silencio es el anfiteatro de la espera,
no hay palabras, ni símbolos que puedan dibujar lo que siente la orilla por la espuma del mar;
Hay una luz que te pide que la rastrees porque perdió el camino de tus sombras
¿Y de qué sirves lucecita esquiva sino logras retener mi oscuridad?
Furiosos pájaros atemporales arrojan la luna sobre tu corazón,
Sincronizan tu centro con las mareas lejanas; Su luz fría se siente extranjera entre tus sombras Y coloniza torpemente tu oscuridad.
Aeroplanos recién paridos por el cielo transmutan tus pensamientos, No importa el tiempo si eres un lugar;
En cada porción de cielo que cubre tu epidermis
Se abren ojos que te miran y te obligan a olvidar.
Un suspiro que es como vapor de agua roza mi espalda,
te delata...
La visión se enquista en el revés del mar;
El fantasma de tus manos oculta su placer bajo la fría corriente de los años.
Tus ojos decidieron migrar flotando sobre las olas ciegas,
los sueños fabricarán las frágiles imágenes que olvidarás;
mi espalda es un triste horizonte para tus pestañas de plata.
Bajo espléndidos soles recién nacidos tus semillas germinan,
Sus brotes geométricos se extienden para rozar el oro de la luz;
Brillantes silencios se acomodan en el intersticio de dos estrellas nuevas.
Todo comienzo es consecuencia de un espejo que se quiebra;
De los despojos de tu reflejo se alimenta la historia que hoy abre sus ojos.
La luz derrotó a la muralla que florecía en nuestras miradas
se incrustó en mi mente como un árbol.
Las manos dibujaron un vuelo de dichosas águilas
ascendieron sobre escalas de papel celofán,
inventaron relatos que se van a pique, se hunden en principios que son siglos
y finales que son nada;
Escritura de lámparas que se apagan, el símbolo es el esqueleto de mi alma.
En lo más alto del recuerdo los dedos se desvanecen y presagian el tacto.
Crezco sobre prados abstractos,
soy la semilla y tú ojo es la hoja que inmortal cae, diminuta.
El tiempo es un antesala con paredes cubiertas de espejos de agua,
acaso en nuestra piel se encarna la espera de los astros...
Los segundos parpadean en el borde de los sueños.
No pasa nada, los relojes desaparecieron,
el tic tac es reemplazado por mensajes virtuales que nos envía un verdugo
que tiene nuestro rostro.