sábado, 9 de junio de 2012

Memoria de la luz




¿Recuerdas cuando el espejo te devolvía apenas una pálida laguna?
Hoy tu reflejo se ha vuelto un mar:
en tus sueños eres la eternidad,
Te desvistes de todo aquello que fuiste y te enciendes,
¿Sabías que la memoria es un gran escándalo
que no ha de librarte de la muerte?
Me es indispensable sólo un poco de luz, 
es mejor reservar las grandes palabras para el mar y las personas con anteojos.
¿Recuerdas que un trozo de existencia era tan grande y oscura como el pozo de los deseos?
Sabes que es mejor dar saltos enormes, ser equilibrista los domingos,
Dejar que un tren de otro siglo se lleve la quintaesencia
de tus pensamientos.
Tanto trueno,
Tantas postales en blanco y negro,
Demasiada distancia entre las figuras del espejo y los habitantes del otro lado,
¿Recuerdas cuando el viento encendía tus facciones?
Hoy tú enciendes al viento,
¿Te parece impropio el paso de tanta hora, día, mes o año?
Un exceso de renovación, es cierto, sin embargo, es lo único a lo que debemos aferrarnos, el círculo configura todo.
No sé si he de apagar la luz,
la imagen de una ventana abierta es un faro en mi memoria. 

domingo, 3 de junio de 2012



Isolda, en vano suspiras en la noche, en vano gritas mi nombre cuando ya no oigo, cuando un sudor de sangre me cubre las orejas, cuando el cielo se vacía en mi retina. Todo hombre es un cobarde. No creas en los excepcionales que te pinta el sueño caído de otros astros menos palpables. El místico es el hombre del pavor, es el hombre que no quiere estar solo, es el que quiere ser dos por miedo a la soledad.

¡Ah, si tú supieras!

Qué no daría yo por hacerles callar con su voz azulada y romperles las formas y los colores del sentimiento eterno o pasajero, siempre dulce, demasiado dulce para el paladar de un náufrago infinito.
(Vicente Huidobro, Temblor de Cielo)

sábado, 2 de junio de 2012



Cuando escuches el trueno me recordarás
Y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
Y el corazón, como entonces, estará en el fuego.

Esto sucederá un día en Moscú
Cuando abandone la ciudad para siempre
Y me precipite hacia el puerto deseado
Dejando entre ustedes apenas mi sombra.
(Ana Ajmatova)


jueves, 31 de mayo de 2012

Ansia de espuma


Ahí viene otra vez en sueños este delirio de espuma milenaria,
En noches le decía al mar oscuro: vuelve pronto a mis ojos
Retorna a mi orilla abrillantada,
Pero su espuma es esquiva en estos días;
Sólo un poco de sal de mesa y un vasto océano de calendario colgado en la cocina.
El mar nunca olvida a sus hijos pródigos;
Vuelve a mí pequeña criatura con ansia de espuma,
susurra,
Recoge tus zapatos azules y regresa a mi.
 Tan natural es su disposición a ser verde,
Furioso y distante,
Y a barrer todo con sus olas; que a veces se vuelve ausente en su presencia,
¿Podéis comprender que los bañistas son orejas que luchan por incrustarse en su inmensidad?
¿Puede haber algo más incierto y verde que esta agua que ruge al borde de un sueño?
Es el ansia de espuma que guía estos pasos perdidos,
Es la bondad de las algas la que me ayudará a quebrantar tanta nostalgia,
¡Y si mis ojos pudieran delatar lo que han visto en la línea furtiva de su horizonte!
¿Por donde he de volver a retomar el camino hacia tu espuma?
¿Acaso ha de mostrarme la dirección una mano cubierta con un guante de lejanía?

Hoja de otoño que no has de caer sublime en sus olas,
Anhelas sólo un poco de espuma y te es dado una porción de cemento,
¿Imaginas que en el fin de los tiempos la salvia será transmutada en un chorro marino?
Si, es cierto, tiemblan las hojas al borde del árbol anhelando el mar de los náufragos,
Tiemblas las hojas, y también tiemblo yo con esta ansia de espuma.
Corre con tus manos temblorosas, corre y huye de las cenizas grises de esta urbe,
Has de escuchar la caracola marina que distante te trae el rugir de sus olas,
Corre y escucha,
Escucha y corre,
De ese dolor del que nace el hombre y la mujer has de retornar a la espuma;
El mar ya ha dispuesto tu destino de criatura que anhela un paraíso perdido,
Un paraíso que se enreda en los tesoros de un naufragio,
Has de buscar, has de quebrantar la noche misteriosa en pos de tu anhelo,
Así debe ser y así ha sido desde que tus pulmones se llenaron de aire.
Toda tu sangre desemboca en este anhelo furtivo,
Sin embargo, soy sólo una mujer de musgo y polvo
 Y tengo temor de tus faros sumergidos en la profundidad,
Ven a mi espuma de mar: abre la ventana de mis ojos,
Con el corazón en las paredes te he llamado,
Ansiedad de espuma que hiere y me desangra.



sábado, 26 de mayo de 2012

Llueve



Llueve sobre los espejos internos del cemento,
despacio los sentimientos se recogen,
las ansias se vuelven benevolentes;
Llueve, y un barco se aleja lentamente en mi memoria,
tendida sobre la tierra recojo los despojos del verano,
Mis brazos ocultan el sol que no se puede ver,
He aquí un extraño paisaje.

Llueve, gota a gota me descubro,
Sin cesar cae la sonante eternidad de este día,
Mis manos se vuelven tiernas copas luminosas.
¿Quién inventó esta cortina de cristal que todo devela?
Una azucena se ha quitado su máscara e ilumina el jardín.
Llueve, y una gota ha venido a parar a mi vestido,
He aquí un bello disfraz.

Llueve, se levanta el vuelo de mi pensamiento,
un bosque silenciosamente se preña de futuro,
La tierra rebosante estira sus piernas negras;
Me despojo de esta ventana y cruzo el límite,
Esto no es tristeza me digo, es sólo una delicada soledad.
¿Se ha prendido en mí esta humedad adormecida?
He aquí un sublime silencio. 

martes, 22 de mayo de 2012


Al extremo del puente la luz es más intensa
enceguece la luz cambia nociones.
Las brújulas atrofian su certeza
los mapas desdibujan sus contornos
la noche apaga la verdad del firmamento.
Sólo queda un camino lleva al final del puente.
Basta extender las manos y preparar el salto
caer hacia el abismo luminoso de tus ojos.


(Odette Alonso, En el puente)

viernes, 18 de mayo de 2012

Lugar



Desde lejos me mira un paisaje redondo,
Se apodera de mí
Derribando la frontera que es mi piel;
Me contempla desde otro punto un lugar,
Una comarca luminosa,
una porción de espacio
que me toma,
y me entrega un rostro distante, nebuloso.

El tiempo alza su dorado trono entre las montañas
dibuja secreto círculos en mi pecho,
Libera la geometría de mi alma brillante.
Que extraño asombro el que me toma,
También soy un paisaje,
Un lugar remoto, soñado por un desconocido,
Que a su vez también es paisaje
que sueño
                y añoro.