Caigo hacia adentro,
en espiral,
lentamente,
como una hoja herida por el sol.
Tristán, ¿escuchas el canto lírico del ruiseñor?
Su tonada triste es una lanza envenenada en tu corazón.
Tristán, triste huracán,
esta herida es un monarca
cuyas tierras jamás has de abarcar.
¿Acaso fue el tiempo quien arrojó
nuestros recuerdos al acantilado, hacia el mar?
Este cielo oscuro está amurallando mi corazón,
y nubes negras me asedian...
Tristán, te ofrecí la copa de mi amor,
¡Y tú se la ofreciste a esos pájaros negros!
El viento dibuja mi vestido roto
en las cenizas del tiempo.
Soy Isolda la bella
Ella la de manos blancas.
Ya no existo.
Soy las ruinas de mi propio desierto
El corazón roto,
el péndulo de las palabras destrozando el sol.
agua que jamás desemboca,
ya no quiero trepar tu muro sin color.
¿Volverás a verme?
Mi cuerpo podría vestirse con los mares de la ausencia,
para recomponer mi lámpara de sal.
Tu tijera de decepción recorta el río,
como si este fuera una figurita de pegar,
me corta en dos:
una parte de mí permanece, la otra nunca regresará.
¿Volverás a verme?
Mi figura es opacada por una luz de ayer,
y el dragón de San Jorge se traga los pedacitos de mi corazón.
¡Hay amor disfrazado de lágrimas grises!
¡Bájame de esta cruz polvorienta!
¡Ayúdame a retornar a mi montaña invisible!
¡Me ahogo en este tren donde crece la hierba del mar!
A veces olvidas que tienes un alma,
ríes,
comes,
compras objetos,
estiras el cuerpo al despertar.
Hasta que un día recuerdas que tienes alma
y que algo de ti retrocede al despertar.
Tus manos invisibles se alargan,
deseando la luz de las estrellas alcanzar;
tus ojos se cubren con un velo,
y alguien en lo más profundo del silencio,
te pregunta: ¿Vendrás?
La hoja del castaño cayendo en tu interior,
El péndulo dibujando el infinito en tu memoria,
Los primeros rayos del sol.
Todo se mueve, y, sin embargo, nada se movió;
Avanzas, retrocedes...
Algo recuerdas, todo se te olvidó.
Las manos sueltan y sostienen.
El río es estático: siempre simuló.
Nada muere,
Todo permanece;
El tiempo es un impostor.
Recuerdo el sol,
como una moneda de oro
derramando su esplendor sobre mi corazón.
Recuerdo las olas del mar
y el presentimiento de lo infinito
en la antesala más oscura de la soledad.
Recuerdo tu figura alargada
y aún más larga la tristeza de tu soledad;
tu mano oscurecida por la noche,
queriendo las estrellas atrapar.
Recuerdo el presente que se nos escapaba
hacia un futuro que nace y muere
más allá de nuestra presencia en el mar.
¿Quién de nosotros será el primero en olvidar?
¿Quién dejará esta orilla compartida
y con los ojos cerrados desertará?
¿Acaso alguna tarde me recordarás
con la ayuda del abracadabra de la soledad?
Si todo nos ha ocurrido en el pasado
¿Por qué siempre es como la sombra de un sueño recordar?
¿Seré la memoria en una noche sin estrellas
o un sueño que no lograrás recordar?
¿Qué manos sostendrán tu rostro?
¿Qué otros pies mis pasos repasarán?
¡Ellos vendrán! Han venido ya...
Vamos, dile adiós a lo que fuimos,
a esas hermosas imágenes,
ellas son el fragmento de ese espejo roto
que jamás tu rostro volverá a reflejar.