miércoles, 18 de febrero de 2026

La corona de Ariadna (O la belleza del destino)

 


En la noche interminable del desierto,
la corona de Ariadna se enciende.
Recuerdos gloriosos se desprenden de la arena
y ascienden hacia la luz.
Como toda extensión circular de la claridad,
el esplendor de la corona se busca a sí mismo…

Haz que brille un momento —dice Ariadna—.
Apoya tu cabeza en mis rodillas
y entremos en la resplandeciente oscuridad del desierto.

La noche no morirá esta noche.
El viento sinuoso y tibio
enlentecerá el paso de las arenas
en el recipiente del reloj.

Cruzando oscuros caminos,
ella entra en la caverna de los sueños
y se desprende de su hilo,
y del recuerdo del Minotauro
y su laberinto de sal.
El aliento del desierto
sale expulsado por la puerta cósmica,
en busca de nuevos presagios…

Puede sentir una mano alargada
de un amante que no puede ver:
dedos y palma, expulsados
desde sus mismas entrañas.
Esta mano invisible la corona.

 


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