Encerrar los recuerdos,
guardar bajo tres llaves el corazón.
Esconder las hojas del otoño
en el que el reloj te ha traicionado,
guardar tu profundidad bajo un caparazón.
Guardar una oración
por todo lo que el mar se ha llevado;
hablarle a un dios sordo y ausente
bajo una callada constelación…
Guardar el fruto para que retroceda a la semilla,
encerrar la luz de la infancia en el corazón.
Guardar la mañana en la que naciste,
con su niebla abstracta e inaprensible
que tu primer llanto se llevó…
Esconderse bajo un cielo lejano e inaprensible:
¡Santuario geométrico de nuestra redención!
No hay comentarios:
Publicar un comentario