Se enciende la noche en una boca
que susurra historias en la niebla;
se apaga la noche en una historia
que recién comienza.
En la madrugada, un espejo se quiebra,
y un final azul alguien trenza…
En el principio siempre fue la ausencia.
Sherezade dibuja en un cuaderno eterno
una sentencia,
y derriba todas las murallas
mientras escribe y piensa.
Él desea entibiar sus blancos sueños
con su presencia;
domesticar el tiempo con sus historias
y poemas sin audiencia;
vengarse del reloj y todas sus ofensas.
Fue después de mil noches,
—con la luna llena en el signo de escorpio—,
que ella inventó la ausencia;
y esa noche, la oscuridad fue la única presencia.
El tiempo es una historia que un dios alarga—ella pensó—,
una historia que apaga nuestra conciencia.
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