El espacio arrojó tu presencia,
tu hogar de ti se vació;
el reloj de arena hacia el destierro
te empujó…
El viento quejumbroso
pronunció nuestros nombres
y, dolorosamente,
mi ventana golpeó.
Un extraño silbó
una canción desconocida
y le puso melodía a la letra
que nos desterró.
Tu cuerpo sobre mi cuerpo
fabrican la distancia;
el río que de mí nace
arrastra la mano que esculpió el sol.
Estamos tan lejos,
todo nos oculta…
el destierro es un estado del alma:
un silencio profundo que nos empuja
hacia el interior.
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