El tacto suave,
el ruido de las olas sobre mi piel,
la lejanía del puerto
nos obliga a avanzar,
cuando lo único que querríamos
es olvidar, olvidar, olvidar…
¿Cuál es tu orilla?
¿Huyes de la distancia
o de mi soledad?
Es una emoción privada,
como una isla,
rodeada de agua y sal;
me obliga a hundirme
en mi propio mar…
¿Eras tú?
¿Fuiste tú quien, ocultando su rostro
tras un sombrero, sopló a mi oído
aquella noche, en un sueño blanco?
He de decirte que eres el pedestal
que sostiene las ruinas del tiempo,
y que, bajo las sombras
de todas las mujeres que he sido,
fluye el río de tus pasos.