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lunes, 4 de agosto de 2014

Cumbres Borrascosas

Paul Delveaux

Señorita Emily Bronte 
usted vigila desde su cama las sombras que recorren el espejo,
esta vez no ha de volver la luz que brota líquida de la ventana,
sólo ha de retornar la oscuridad perdida en el armario de una mansa soledad,
Hethcliff y Katherine recorren las páginas de un peligroso abismo.

Usted sabe, no hay amor eterno, 

sólo existe la tarde gris deshojándose en el trapecio del mundo. 

El viento le persigue, y usted, infructuosamente
 intenta huir de sus íntimos deseos,
el cielo se apaga y se encienden los sueños,
Cumbres borrascosas se cansó de representar la pulida tragedia de un amor de mármol
Hethcliff es un títere en manos de su dios gitano.

No hay amor eterno, 

sólo existen signos mágicos clavados en un árbol ajusticiado.

Avanza el viento y muere tímido en las cumbres, 

el  carruaje de las horas se aleja llevando un oscuro personaje que sueña con una morada,
él piensa: el fin del mundo es esta casa extraña. 

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